El vino: tradición y vanguardia

Huele a hierbas, especias, flores, frutos silvestres. Es vigoroso, afrutado, armónico,… el vino es un espejo que refleja todas las vivencias acaecidas a lo largo de su proceso de elaboración.

Una vez obtenido el mosto, en el interior de las bodegas tiene lugar la fermentación o transformación de los azúcares del zumo de la uva en alcohol, proceso desencadenado gracias a las levaduras, microorganismos que viven y crecen en el terreno, en las viñas, en el ambiente de las bodegas y que se adhieren a los granos de uva por la capa cerea (pruinal) que los recubre.

Los días de fermentación son de expectación en la bodega. El mosto se enturbia, se calienta y se desprenden burbujas de anhídrido carbónico. Muchas son las hojas de higuera que vibran encima de las barricas permitiendo la salida de los gases. Este proceso definirá buena parte de las características finales del vino y numerosas son las visitas a la bodega para comprobar la buena marcha del proceso.

Una vez finalizada la fermentación alcohólica se ha producido la transformación del mosto en vino, si bien no acaban aquí los trabajos en la bodega: trasiegos, filtraciones, clarificaciones y un buen número de controles ocuparán al bodeguero hasta la consecución de un producto final acorde con su esfuerzo y dedicación.

Las técnicas y maquinaria empleadas en la elaboración de vinos de calidad son muy variadas, desde el pisado tradicional en los lagares al empleo de estrujadoras, despalilladoras y modernas prensas neumáticas, la utilización de barricas de roble o depósitos de acero inoxidable. Todas son fórmulas válidas, si bien el maestro bodeguero conoce a la perfección que una buena práctica enológica exige un permanente control del proceso de elaboración. Así, al igual que el control de temperatura y de los distintos parámetros físico-químicos, es fundamental el mantenimiento de una higiene y estado sanitario óptimo, tanto de la bodega como de las barricas, depósitos, maquinaria y de todos aquellos elementos que intervienen en las distintas fases de la elaboración.

Amarillo pajizo, afrutado, astringente, equilibrado, armonioso, pleno, persistente… el vino es un espejo que refleja el buen hacer de nuestros viticultores y bodegueros.