Las rutas del vino

La vid fue introducida en las Islas en la segunda mitad del siglo XV de la mano de los colonizadores españoles y portugueses. A pesar de no conocer el vino, la población aborigen incluía en su dieta alimenticia una bebida procedente de la melaza obtenida del fruto del mocán – árbol endémico de las Islas Canarias – llamada charcequen, que tenía para ellos poderes de carácter mágico, medicinal y vigorizante.

Los colonizadores, procedentes de países y culturas en las que el vino tenía un alto valor en la dieta alimenticia, traen de sus respectivos países distintas cepas para plantar en las nuevas tierras que van a habitar, intentando obtener cuanto antes las cantidades de vino que necesitan y que pudieran suplir los envíos que recibían a través de los lentos barcos de la época.

Españoles de todas las regiones, portugueses, franceses, flamencos, genoveses, plantan sus cepas e intentan obtener vinos de alta calidad, produciendo en Canarias una variedad de vinos imposible de obtener en otras zonas vitícolas.

La vid se aclimata y desde el inicio de su cultivo, prospera debido a lo variado del clima y a la calidad de los suelos volcánicos.

Las variedades, principalmente de uva blanca, permiten obtener vinos generosos o de alta graduación que pronto serán objeto de un importante comercio marítimo.

La alta calidad obtenida por el vino Malvasía, elaborado con la uva del mismo nombre, procedente de la isla de Candía -pero llegada a Canarias posiblemente a través de Madeira, donde estaba establecida desde 1453- permite la creación de una nueva fórmula agrícola que mejora la situación económica de las islas.

El comercio del vino con Europa se concentra en el Malvasía, siendo Londres y Amberes los principales puertos de destino, aunque también eran frecuentes los envíos hacia otros mercados europeos. El pago de dichos vinos se realiza con mercancías y manufacturas de lujo. Una sola palabra, a modo de certificado de garantía, definía calidad y origen superior: Sack o Canary.

Las Islas Canarias son un paso obligado para la conquista y colonización de América, y desde un principio, el vino canario, al no existir plantaciones de vid en aquellas tierras, acompañaba al colono. Los vinos Vidueños son requeridos en grandes cantidades por los nuevos colonizadores y nada más fácil que abastecer dicho mercado desde Tenerife. Caracas, La Guaira, Maracaibo y Santo Domingo, eran algunos de los puntos de destino de estas travesías marinas, al igual que las colonias portuguesas, holandesas e inglesas. Más adelante serán los vinos Malvasías los que ocupen un extraordinario lugar de privilegio en dicho comercio.

Al crecer la colonización, las dificultades propias de la navegación de la época, la lejanía de los puertos de origen, y el tener que transportar cargas más importantes y de mayor necesidad, hicieron escasear el vino en América y además sus condiciones de conservación dejaban mucho que desear, lo que hizo necesario llevar sarmientos procedentes de Canarias para su plantación en América. Perú, Méjico y California fueron las puertas de entrada de los viñedos europeos hacia el nuevo mundo, propagándose rápidamente por el continente a medida que avanzaba la colonización.