El vino y el volcán

Dice José de Viera y Clavijo, escritor, poeta, naturalista e historiador tinerfeño (Siglo XVIII), acerca de las condiciones para el cultivo de la viña: “Las parras, traídas a estas islas por sus conquistadores y pobladores, hallaron un clima y un suelo de lo más oportuno para su prosperidad, porque los terrenos secos, ligeros, pedregosos, areniscos, mezclados de lavas desmenuzadas, y que se levantan en cerros, colinas, lomas y laderas, son los que ordinariamente producen los mejores vinos, favorecidos por la reverberación oblicua de los rayos del sol, que suministran el calor necesario para combinar los principios de la vegetación y exhalar la savia de las vides” (Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias).

El cultivo de la viña es el resultado de un proceso histórico y social que se inició con los primeros pobladores europeos. Todavía hoy somos capaces de hallar variedades de uva que se remontan a esos primigenios tiempos, así como formas de cultivo antiguas que integradas en el territorio constituyen parte de nuestros atractivos paisajes agrarios actuales, con viñedos únicos y singulares que mantienen un vivo diálogo con un entorno orográfico joven, producto de la actividad volcánica insular.

Estos cultivos se desarrollan en huertas tradicionales sobre suelos pobres, bastante pedregosos y de diferente naturaleza volcánica, que va desde piroclastos ácidos (jable, zahorra) o básicos (picón, rofe), a coladas fonolíticas, o suelos de carácter arcilloso mezclados con piedras, denominados en las isla mazapé. Este sustrato, gracias al trabajo durante generaciones de nuestros campesinos, ha sido convertido en arenas de grano más o menos grueso permitiendo tener suelos y espacio útil para la agricultura. Dado el carácter montañoso de la isla, estas huertas se desarrollan en pequeñas parcelas de terrenos escarpados, donde es muy difícil la mecanización y, por lo tanto, la mayor parte de las labores agrícolas se realizan de forma manual. Esta convivencia con el volcán se expresa en paisajes como los bancales del norte de la isla o en el esfuerzo realizado en el sur y sureste insular para crear huertas de jable.

Los vinos de Tenerife presentan unas marcadas notas sensoriales vinculadas de forma directa a los suelos volcánicos en los que se cultivan las viñas que los producen. Los suelos más pobres y secos generan uvas con elevada graduación alcohólica y cosechas tempranas, y en los suelos más ricos de las medianías se producen vinos más tardíos y con menor graduación.