Los medianeros de la Hacienda San Simón

Introducción

La Hacienda de San Simón, también conocida como La Baranda, es un magnífico ejemplo de la arquitectura rural de las medianías del norte de Tenerife. La casona se sitúa en una antigua finca agrícola y conserva toda la esencia del mundo rural de la isla. La construcción data del siglo XVII y consta de numerosos detalles de interés como el artesonado policromado sobre madera del techo de su ermita. Al igual que en otras haciendas canarias, las principales estancias se sitúan en torno a un gran patio central, eje sobre el que se organizaban las principales actividades de la casa.

Miguel Canino Afonso, formó parte de la última familia de medianeros que se encargó de la finca desde los años 60 del pasado siglo. Hoy en día, su hija Laly trabaja aquí, justo en la misma casa en la que nació ella y sus hermanos, y es conocedora de que cada rinconcito de este edificio esconde numerosas historias.

Historia de la Casa

La construcción que hoy vemos es fruto del paso del tiempo y de un profundo proyecto restaurador. La hacienda acoge en la actualidad la Casa del Vino, un amplio espacio expositivo con salón de actos y sala de catas, tienda y tasca-restaurante.

Tradicionalmente, estas haciendas rurales estaban formadas por grandes extensiones de terrazgos cultivados y un edificio central, catalizador de las labores agrícolas. A lo largo de su historia, la Hacienda San Simón estuvo dedicada al cultivo del vino, siendo referente de la tradición vitivinícola de esta zona del norte tinerfeño. En el siglo XX, la Hacienda constituía la segunda residencia de sus propietarios, a la que acudían a pasar los meses de verano. Al cuidado de la casa se encontraba una familia de medianeros, encargados de la explotación de la propiedad. Hubo un tiempo en el que el tamaño de la explotación llegaba desde la costa hasta la zona alta del municipio. El matrimonio propietario estaba formado por Don Blas Pérez González, Ministro de Gobernación durante los años 1942-1957, y Doña Otilia Bencomo. Tras el fallecimiento de estos, la finca pasó a sus tres hijos. Fruto del reparto de la herencia, la propiedad quedó fragmentada en tres partes, una zona costera, otra zona de medianía, en la que quedó incluida la casa, y una última zona alta.

El vino

El vino fue sin duda uno de los productos de mayor importancia en la agricultura de esta finca. Antes de la partición de la misma, las viñas ocupaban una gran franja de terreno desde la costa hasta las medianías. La presencia del lagar en su ubicación original testimonia la importancia que tuvo el vino en la producción agrícola de la casa, además de ofrecer una bella imagen que recuerda el pasado rural de la vivienda.

“En la finca, con la parte de fuera y la de dentro, se llegaban a coger más de 12 cascos de vino. Con la otra parte de la finca de arriba y la de abajo esto era una bodega de veintitantos cascos de vino. En toda la finca completa, antes de partirla eso estaba todo de cascos a tope. Pasa que después ya como la partieron pues la finca entre la parte de afuera y aquí  se cogían 10 ó 12 cascos de vino de 600 litros”

Miguel Canino Afonso

Agricultura

Esta finca ha sido un ejemplo en el tiempo de la gran fertilidad de la tierra en esta parte de la isla. Además de la viña, otros cultivos también fueron protagonistas de la gran producción agrícola que la finca ofrecía cada año a sus propietarios y medianeros. Tomates, cebollas, papas o millo, fueron algunos de estos cultivos que dieron colorido al paisaje, alimentaron a las familias que aquí habitaban y permitieron el desarrollo de una actividad comercial dependiente de lo que daba la tierra. 

“…y millo, me acuerdo del millo en este patio. Se llenó de piñas de millo, había una burra ahí, que venía un tal don Manuel que estaba trabajando, estuvo un par de días cargando millos en cestos”.

Miguel Canino Afonso

El Patio

Al igual que sucedía en otras haciendas canarias, el patio constituía el eje sobre el que se desarrollaban las principales actividades de la casa. Aquí se apilaban las papas, cebollas y millos ya recolectados para su posterior transporte. También era lugar de juegos de los niños y de reunión y celebraciones.

“Tengo una foto asando la carne. Y estaban mis suegros vivos y todo.  Y celebrando y la gente que venía. Algunos se sentaban aquí, sacaba una botella de vino y nos sentábamos aquí y se echaban un vaso vino…”

Aljibe

En este lugar se encontraba el antiguo aljibe de la Casa (depósito destinado a guardar el agua de la lluvia). El espacio  que vemos se ha restaurado y transformado en salón de reuniones recuperándolo así, para usos más actuales. En este singular espacio destacan los arcos cuidadosamente restaurados del techo y las rocas de los laterales, que nos recuerdan su antiguo uso como depósito de agua.